Cuando nacía la pizza
HISTORIA
Los porteños y la moda
El hombre de la ciudad fue siempre un personaje de muy buen gusto tanto como la mujer porteña. Ambos hicieron época en el mundo con sus trajes impecables, sus cabellos estilizados y cortados a la moda europea, permanentemente de avanzada en el calzado y en el andar. La elegancia ha tenido que ver con Buenos Aires desde los primeros tiempos de la colonia.
Ya lo cuenta Homero Manzi en su milonga…*Uso fungí a lo Masera, calzo bota militar”. Y lo canto el país y todavía lo sigue cantando. Eran etapas de cabezas cubiertas. Cuando en las antiguas fotografías casi no llega a verse una sola testa de aire.
Todo el mundo con sombrero. Tanto mujeres como varones. Quedan antiquísimas poses de bravos porteños comiendo de pie una porción con su flaco y alto vaso a un costado, mas el rancho coronando su parte superior.
El rancho es un aditamento muy particular que nos trajo la presencia de un cantante francés de fama universal. Se llamó Maurice Chevallier. El vino a Buenos Aires y por medio de sus presentaciones personales en boites y radios dejo un aire afrancesado con el rancho de paja sobre su eterna sonrisa bonachona.
Los porteños entonces mantenían un color y sabor inolvidables. Éramos el país mas europeizado de esta parte de América. Desde aquí se impusieron los grandes para la exportación. Había que actuar y vestir como en Buenos Aires. Porque aquí teníamos –por ejemplo- el Teatro Colón, uno de los mayores del planeta.
Y se acercaban los divos del canto para tratar de triunfar por estas tierras y sacar patente de grande de verdad. Se copiaban nuestros latiguillos en el vocabulario de cada día.
El “che” fue famoso a todo lo largo y lo ancho del continente. Alberto de Mendoza era mucho mas conocido como el “che Mendoza”, que por su nombre y apellido completo. Y ni que hablar de Hugo del Carril, de Pepe Arias, de Nini Marshall, de Agustín Irusta, de Alberto Palacios, de Ignacio Corsini y de ciento de figuras mas que fueron imponiendo un estilo argentino en el mundo.
Por supuesto que la pizza, que había llegado a finales del siglo con los inmigrantes genoveses, tuvo su importantísima trascendencia junto a la ropa y a la moda. Las damas comían pizza y vestían polleras de cuadrille con ruedo bajo la rodilla.
Usaban peinados a la “garçon” y los hombres no solo calzaban botas tipo militar, sino que además la moda del cabello era a la gomina. Pero gomina Brancato, la que utilizaba Gardel todos los días, Gomina con “Tragacanto de Persia”, según rezaban los avisos en diarios, revistas, calles y avenidas de Buenos Aires. Luego apareció la brillantina tipo Glostora, pero antes fue la gomina para el varón de pelo corto y aseada presencia, que sabia brillar por su pinta distinguida en los bailes, cabarets y fiestas de aquella bella época.
